CIRIO DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD PARA NUESTRA CANDELERÍA ENCENDIDA

Tiempo de Pascua de Resurrección.

Semana del 11 al 17 de mayo.


17 DE MAYO-DOMINGO.

Queridos hermanos y amigos, cristianos cofrades.
Al cerrar las persianas de mi balcón, te invito a encender un flamante y fulgurante cirio, de fe, esperanza y caridad, en nuestra candelería pascual.
El evangelio de este sexto domingo de Pascua lleva a su culmen la revelación de “quién es Jesús” en el evangelio de Juan. Es una página sublime en belleza y en profundidad experiencial de lo que significa creer en Jesús. Desentrañarlo todo es imposible porque trata de las vivencias de la fe. Además se necesitaría un talante místico-vivencial que debió alcanzar san Juan y su comunidad eclesial pero que otros no podemos presumir de haber llegado a esos niveles. Seguimos en “la ronda del castillo” y su “séptima morada” está aún lejana.
1º- “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”; “el que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. Frases que abren y cierran el evangelio de hoy. Si el domingo pasado decíamos que el ser camino, verdad y vida, finalizaba en la Vida-Amor y que el Amor era la dinámica de toda la vida de Dios y del hombre por participación, de nuevo hoy el núcleo de estas frases es el AMOR mutuo.

El amor a Jesús es condición que lleva a cumplir los mandamientos, como el cumplirlos será el indicativo de ese amor. Pero es el amor el que hace manar la vida haciendo las obras de Dios que son cumplir el mandamiento y los mandamientos. Estos no son carga externa o condición previa para atraer la benevolencia de Dios. Nada que ver. No existe otra condición previa que no sea el mismo amor. Anterior a todo, el “Amor primero” de Dios que suscita nuestro amor por medio de Jesucristo y su Espíritu. Y también por otros medios que al final se integran en ése que es el mediador de todas las cosas. Amor saca amor. Es la frase de Santa Teresa que realiza su verificación en lo que estamos tratando. El amor de Dios suscita nuestro amor y lo suscita regalándonos todo su ser, por medio del Espíritu que se nos da. Y este Espíritu es el que hace mover a nuestro espíritu para reconocer a Dios como Padre y para entregarnos a Él y vivir según él mismo es. Hacemos sus mismas obras.
2º. Jesús pide al Padre para nosotros un nuevo “Paráclito” “Defensor”, “Abogado”, “Valedor”. Este Defensor es el que ayuda en toda circunstancia. Ayuda a mantener vivo el mensaje de Jesús dentro de la comunidad y a dar fuerza a los testigos para que sepan manifestarlo en medio de las vicisitudes de la vida ordinaria. Es el Espíritu de la Verdad. Es el Espíritu verdadero, porque él mismo es Verdad y Vida. Él mismo es el Amor que opera en Dios. Por eso es protector fuerte y seguro. Trabaja desde la interioridad misma, desde el mismo motor de la persona que es nuestro amor, nuestra mente, nuestra voluntad.
3º- “No os dejaré desamparados”. Jesús prepara a los suyos para su ausencia. Se aproxima su muerte. Se va a ir al Padre. No va a seguir el itinerario de los suyos por ésta vida, porque la muerte truncará esa presencia. Pero les avisa que su muerte no generará ausencia sino que su presencia será más profunda e íntima. Él estará siempre con los suyos, o con nosotros. Él sigue viviendo. ÉL ES EL VIVIENTE.
4º- “Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.
Ese “entonces” es ya ahora, en estos momentos en que Jesús ya ha subido al Padre. Es el tiempo de la iglesia. Ese “saber” es experiencial; es experiencia vital; es un saber que tiene “sabor” porque se paladea en la vida misma, en la interioridad de mi persona; no es fruto de un raciocinio sino de un encuentro amoroso.
Invocando a nuestros Sagrados Titulares en sus bellas y variadas invocaciones y advocaciones, recibid un fraterno abrazo y el deseo de unas buenas noches con la súplica de que vosotros y los vuestros estéis bien, y el ruego de que seamos prudentes y sensatos en este nuevo tiempo de desconfinamiento.
Hermanos y amigos, a todos os deseo: ¡Saludable, Sanadora y Santa Pascua!

P.D: Hoy se celebra la Pascua del Enfermo, este año con el lema “Acompañar en la soledad”. Se nos invita poner el foco en tantas personas de nuestro entorno que viven solas, en una soledad impuesta, que las aísla y las destruye. Para todos ellos suena especialmente la invitación de Jesucristo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Jesucristo quiere entrar en la vida de todas estas personas y hacerse su compañero de camino, su alivio y su descanso. Y prolongado en su Iglesia, en la comunidad de los amigos del Señor, quiere movernos a nosotros para que salgamos al encuentro de tantas personas solas de nuestro entorno.
Si deseamos crecer en acompañamiento, en cercanía, en ternura, en caridad respetuosa y delicada, nuestro modelo es la Virgen María que está continuamente atenta a las necesidades y dificultades de toda la humanidad. María, animada por la divina misericordia, nos asegura en todo momento asistencia, sustento y compañía. Ella permanece al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino de la Pascua hacia la resurrección y la vida plena.

José Grabriel.


16 DE MAYO-SÁBADO.

Queridos hermanos y amigos, cristianos cofrades.
Al cerrar las persianas de mi balcón, te invito a encender un flamante y fulgurante cirio, de fe, esperanza y caridad, en nuestra candelería pascual.

9ª Estación del Vía Lucis:
El Resucitado encuentra a los suyos en el lago de Tiberíades

Te adoramos, oh Cristo resucitado, y te bendecimos.
Porque con tu Pascua has dado la vida al mundo.

Del Evangelio según San Juan (Jn 21, 1-9.13)
Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: “Me voy a pescar”. Ellos contestan: “Vamos también nosotros contigo”. Salieron y se embarcaron; aquella noche no pescaron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: “¿Muchachos, tenéis pescado?”. Ellos contestaron: “No”. Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: “Es el Señor”. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red llena de peces. Al saltar a tierra ve unas brasas con un pescado puesto encima y pan (…). Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Reflexión
Jesús pide de comer. Y sin embargo no tiene necesidad; su cuerpo es glorioso. Hace esta petición para compartir, con los hombres, sus necesidades; para participar en su mesa cotidiana. Como cuando en el pozo de Sicar, le pedía agua a una mujer de Samaria. Dios es el que pide. Es un Dios inédito. Pide al hombre para introducirse en el mundo del hombre y responderle con su dominio del amor. Pregunta para estimular a los suyos a lanzar las redes antes obstinadamente vacías y ahora prodigiosamente llenas. Después los invita a una opípara y alegre mesa. Sin Él, la mesa sería mísera y triste.
Jesús llama a la puerta del mundo de hoy. Quiere entrar. Es un mundo fatigado y desesperado, lleno de luces y privado de la luz; lleno de éxitos efímeros y aprovechables sólo por pocos; mientras el corazón queda vacío como la red. Además hay miseria y opresión, hay deshumanización, está cerrado el futuro. Y el estómago queda vacío como la red. Así el hombre experimenta el vacío del corazón y de las fuerzas. Ausencia de lo divino: ausencia de lo humano. Jesús resucitado se acerca y pide. Cuando Dios ama, entonces dona. Cuando Dios prefiere, entonces pide. Pide relanzar la esperanza y el amor.

Alégrate, Madre de la luz:
Jesús, Sol de justicia, venciendo las tinieblas del sepulcro
ilumina todo el universo.
Aleluya.

Oración
Jesús resucitado, haznos dóciles para vivir en la esperanza, después de nuestros fracasos. Tú, el Resucitado, siéntate a la mesa con nosotros. En los días pascuales de tu convivencia no te has mostrado como el Dios victorioso entre relámpagos y con truenos, sino como el Dios sencillo de lo ordinario, que celebra la Pascua a la orilla del lago, sobre una mesa al are libre. Haznos testigos de tu Pascua, en lo cotidiano, con sus monotonías, donde tú nos esperas desde siempre, en la orilla de nuestros afanes. Siéntate a nuestra mesa de hombres saciados, pero vacíos. Siéntate a la mesa de los hombres pobres, que aún tienen esperanza. Y el mundo que tú amas será nuevo, modelado según tu Pascua. Amén.

¡Oh María, templo del Espíritu Santo, guíanos como testigos del Resucitado por el camino de la luz!

Invocando a nuestros Sagrados Titulares en sus bellas y variadas invocaciones y advocaciones, recibid un fraterno abrazo y el deseo de unas buenas y confinadas noches con la súplica de que vosotros y los vuestros estéis bien, y el ruego de que nos quedemos en Casa, pues Dios viene, y está en la de todos.
Hermanos y amigos, a todos os deseo: ¡Saludable, Sanadora y Santa Pascua!

José Gabriel.


15 DE MAYO-VIERNES.

Queridos hermanos y amigos, cristianos cofrades.
Al cerrar las persianas de mi balcón, te invito a encender un flamante y fulgurante cirio, de fe, esperanza y caridad, en nuestra candelería pascual.
En la alegría de la Resurrección, junto la Virgen, y paseando con mi querida vecina, seguimos recorriendo el camino de la luz (vialucis).

7ª Estación del Vía Lucis:
El Resucitado da el poder de perdonar los pecados

Te adoramos, oh Cristo resucitado, y te bendecimos.
Porque con tu Pascua has dado la vida al mundo.

Del Evangelio según San Juan (Jn 20, 19-23)
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

Reflexión:
El Espíritu Santo: he aquí el don pascual que el Resucitado, ya constituido Señor, envía; junto con el Padre y el Unigénito resucitado ofrecen su máximo don. Es su eterno vínculo de amor. Es su “beso infinito”. Es su alegría recíproca. Es su fiesta, sin sombras. El Espíritu es simbolizado con el aliento, que es el soplo de vida que sale de lo profundo del pecho. Precisamente como el Espíritu, que brota de lo profundo de la vida del Padre y del Hijo. Por eso el Resucitado comunica aquí la paz, el schalom: la remisión de los pecados. El Espíritu es armonía perfecta entre el Padre y el Hijo. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn 3, 16). El Padre y el Hijo resucitado han amado tanto al mundo que le han donado su Espíritu. Aquí se toca el fondo del amor, que da y perdona.
El hombre de hoy tiene necesidad de vida. Todo el mundo, por tanto, tiene necesidad del Espíritu. Vida y paz del Padre, del Hijo y del Espíritu. Nosotros, aún habiendo multiplicado tantos medios de vida, hemos apagado la alegría de la vida. Hemos apagado tantas vidas en germen. Hemos apagado el sentido de la vida. Nosotros, aún habiendo multiplicado los instrumentos de la comunicación, nos encontramos en el frío anonimato y en la incomunicación angustiante. Aunque nosotros hemos aumentado el rédito general, los dos tercios del mundo están en total indigencia. El hambre de tener del Norte del mundo causa el hambre de bienes del Sur del mundo. Es posible resurgir. La Iglesia del Resucitado tiene el poder de remitir los pecados de cerrazón y de egoísmo.

Alégrate, Madre de la luz:
Jesús, Sol de justicia, venciendo las tinieblas del sepulcro
ilumina todo el universo.
Aleluya.

Oración
Ven Espíritu Santo. Tú, primer don de Jesús resucitado, eres entusiasmo del Padre y del Hijo en nosotros, que nadamos en el aburrimiento y en la oscuridad. Tú, armonía del Padre y del Hijo, empújanos hacia la justicia y la paz: libéranos de nuestras cápsulas de muerte. Tú, vida eterna del Padre y del Hijo, sopla sobre estos huesos áridos y haznos pasar del pecado a la gracia. Tú, juventud del Padre y del Hijo, haznos jóvenes perennes, haznos hombres entusiastas, haznos expertos de la Pascua. Amén.

¡Oh María, templo del Espíritu Santo, guíanos como testigos del Resucitado por el camino de la luz!

Invocando a nuestros Sagrados Titulares en sus bellas y variadas invocaciones y advocaciones, recibid un fraterno abrazo y el deseo de unas buenas y confinadas noches con la súplica de que vosotros y los vuestros estéis bien, y el ruego de que nos quedemos en Casa, pues Dios viene, y está en la de todos.
Hermanos y amigos, a todos os deseo: ¡Saludable, Sanadora y Santa Pascua!

P.D: En este día de San San Isidro labrador, pidámosle que quite las tristezas, la tibieza, las mediocridades y el virus de nuestro día a día, y ponga el sol, de la alegría, de la fe, de la salud y de la vida; el sol que nace de sabernos entrañablemente amados y llamados a dar fruto.
En este día de San Isidro, como él, seamos amigos del Señor, con la seguridad de que el cielo oye nuestra oración hasta el punto de que podamos darle la vuelta al famoso refrán para asegurar que el cielo visita Madrid y que en él hay ciertamente un agujero para mirarlo y admirarlo. Para asegurar que el cielo visita nuestra tierra herida por la pandemia y tantas otras enfermedades y penurias, y que en él hay ciertamente un agujero para curarla y mirarla y admirarla.

José Gabriel.


14 DE MAYO-JUEVES.

Queridos hermanos y amigos, cristianos cofrades.
Al cerrar las persianas de mi balcón, te invito a encender un flamante y fulgurante cirio, de fe, esperanza y caridad, en nuestra candelería pascual.
En la alegría de la Resurrección, junto la Virgen, y paseando con mi querida vecina, seguimos recorriendo el camino de la luz (vialucis).

6ª Estación del Vía Lucis:
El Resucitado se presenta vivo ante los discípulos

Te adoramos, oh Cristo resucitado, y te bendecimos.
Porque con tu Pascua has dado la vida al mundo.

Del Evangelio según San Lucas (Lc 24, 36-43)
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: “¿Por qué os alarmáis?, ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: “¿tenéis ahí algo de comer?” Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Reflexión
El Resucitado es el Maestro paciente en el camino de Emaús, como en el cenáculo. He aquí una pincelada de su pedagogía pascual: con la palabra y con los gestos, conduce a los suyos a la convicción de la verdad de la resurrección. Los lleva del terror inicial a la alegría incontenible. “Tocadme” (Lc 24, 39). El verbo que usa connota la experiencia táctil. Será el verbo del realismo del anuncio cristiano. Juan lo usará en su primera carta: “lo hemos tocado con nuestras propias manos” (1ª Jn 1,1). El Resucitado no es una sombra. La Resurrección no es una fábula. La Pascua no es un mito. El Resucitado está vivo. El Resucitado es verdadero. Es el signo verdadero del Dios vivo. Es su potencia de amor. El Resucitado es signo del hombre nuevo: su victoria sobre la muerte, siempre soñada y nunca alcanzada, lo bello de la vida, que vive, que se hace verdadera. Y está ante el hombre. Palpable como la carne de un niño recién nacido. El mundo tiene necesidad de esta pedagogía pascual.
El hombre de hoy espera encontrar a los testigos del Resucitado como expertos en signos. El mundo debe poder tocar las cicatrices de amor de la Iglesia del Resucitado. A nosotros nos hace falta la familiaridad con el Resucitado en la profundidad de la oración, de la Palabra y de la Eucaristía. Hace falta además sintonía con el mundo de hoy: con sus pobrezas y perplejidades, sus angustias y sus esperanzas y con las apuestas de futuro.

Alégrate, Madre de la luz:
Jesús, Sol de justicia, venciendo las tinieblas del sepulcro
ilumina todo el universo.
Aleluya.

Oración
Jesús Resucitado, nosotros te admiramos por tu paciencia en la pasión: el silencio. Nosotros te admiramos por tu paciencia en la resurrección: la pedagogía. Danos a nosotros que, como hombres de nuestro tiempo queremos todo y ya, la capacidad de un amor que sabe esperar, que sabe realizar esto en oración. Tú estás vivo, concédenos tratarte como el que vive (Ap 1, 18). Y libéranos de los fantasmas que construimos de ti. Haznos aptos para presentarnos como signos tuyos. El mundo los espera para poder creer. Amén.

¡Oh María, templo del Espíritu Santo, guíanos como testigos del Resucitado por el camino de la luz!

Invocando a nuestros Sagrados Titulares en sus bellas y variadas invocaciones y advocaciones, recibid un fraterno abrazo y el deseo de unas buenas y confinadas noches con la súplica de que vosotros y los vuestros estéis bien, y el ruego de que nos quedemos en Casa, pues Dios viene, y está en la de todos.
Hermanos y amigos, a todos os deseo: ¡Saludable, Sanadora y Santa Pascua!

P.D: Hoy catorce de mayo celebramos a san Matías, el que fue elegido en sustitución de Jesús allí en el propio cenáculo en las vísperas de Pentecostés. El Espíritu del Señor elige y llama al servicio del pueblo de Dios a los que quiere. Que seamos dóciles a esa moción del Espíritu y nos dejemos conducir. La vida y el testimono de los Santos, nos urge a que vivamos como cristianos, que nos reafirmemos en nuestra identidad y vivamos como los primeros cristianos, ajenos a lo pasajero, puestos los ojos en Aquel que nos conforta y da la paz y reconocibles por cómo se amaban entre ellos.
Por último, pedimos la intercesión de la Virgen María y de San Matías, para que esta jornada de oración, ayuno y caridad, convocada por el Papa Francisco, nos permita sentir que las palabras del Señor: “no temas, yo te ayudo” (Is 41, 13) son nuestra fuerza para responder con todo lo que depende de nosotros en esta situación histórica que nos ha tocado vivir.
Bienaventurada Virgen María y Glorioso San Matías, interceded por nosotros. Amén.

José Gabriel.


13 DE MAYO-MIÉRCOLES.

Queridos hermanos y amigos, cristianos cofrades.
Al cerrar las persianas de mi balcón, te invito a encender un flamante y fulgurante cirio, de fe, esperanza y caridad, en nuestra candelería pascual.
En la alegría de la Resurrección, junto la Virgen, y paseando con mi querida vecina, seguimos recorriendo el camino de la luz (vialucis).

5ª Estación del Vía Lucis:
El Resucitado se manifiesta al partir el pan

Te adoramos, oh Cristo resucitado, y te bendecimos.
Porque con tu Pascua has dado la vida al mundo.

Del Evangelio según San Lucas (Lc 24, 28-35)
Ya cerca de la aldea donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron diciendo: “Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída” Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció. Ellos comentaron:”¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión
El Señor entra en la posada. A la apremiante invitación de los dos, se pone a la mesa por primera vez después de la resurrección. Es la primera cena del Jesús terrestre, es la degustación de la eterna cena del Reino. El destino del hombre es la cena, esto es la comunión con Dios y con los hijos de Dios. Los discípulos preparados por el Maestro durante el camino mediante la lectura de la Escritura, abren los ojos en la fracción del pan. La fe completa la apertura del corazón. Es Él, el Señor. Emaús es un lento proceso de reconocimiento. Está la guía del Maestro hacia el núcleo de la Palabra. Y luego está el gesto del Maestro, en la actuación de la gran Palabra: la Cena.
El hombre moderno ha multiplicado el enrejado de las comunicaciones, pero no ha abierto las puertas del corazón. Es necesario ir a la escuela de
Emaús. Todas las veces que abrimos las puertas del corazón a lo distinto, a lo desconocido, al “extraño”, encontramos abiertas las puertas del corazón de Dios, el Trascendente. Los dos de Emaús, haciendo un gesto de amor, se preparan a la experiencia suprema del amor: la Cena. Se disponen al conocimiento del amor: el reconocimiento. Si los hombres de hoy empiezan de nuevo a amar a los pequeños, los pobres, los lejanos, los oprimidos, sólo entonces descubrirán sus ojos vendados. Y verán el amor, es decir, experimentarán al Resucitado, el Dios “al encuentro” por todos los caminos.

Alégrate, Madre de la luz:
Jesús, Sol de justicia, venciendo las tinieblas del sepulcro ilumina todo el universo.
Aleluya.

Oración
Jesucristo resucitado: en tu última Cena has indicado en el lavatorio de los pies el único modo de participar en la Eucaristía. En Emaús has querido volver a poner en la hospitalidad la condición para la comunión contigo. Señor de la gloria, ayúdanos a preparar nuestras celebraciones, lavando los pies cansados de los últimos, acogiendo en el corazón y en las casas a los necesitados de hoy, que no tienen otro signo de reconocimiento sino el de ser tu viva imagen. Amén.

¡Oh María, templo del Espíritu Santo, guíanos como testigos del Resucitado por el camino de la luz!

Invocando a nuestros Sagrados Titulares en sus bellas y variadas invocaciones y advocaciones, recibid un fraterno abrazo y el deseo de unas buenas y confinadas noches con la súplica de que vosotros y los vuestros estéis bien, y el ruego de que nos quedemos en Casa, pues Dios viene, y está en la de todos.
Hermanos y amigos, a todos os deseo: ¡Saludable, Sanadora y Santa Pascua!

P.D: No podemos olvidar de que hoy es el día de Nuestra Señora de Fátima. En muchos lugares se venera y se honra a nuestra Madre bajo esa querida y famosa advocación. Tengamos hoy también nosotros un recuerdo emocionado y agradecido a nuestra Madre que, inquieta por la salvación del mundo, nos repite constantemente: “Haced lo que Él os diga”.
Nuestra esperanza se inscribe en el modelo de María. Que la Virgen de Fátima nos ayude a saber conjugar la fe con la vida de cada día, vida donde Dios se nos manifiesta siempre, no solo en los días de fiesta, y camino donde siempre lo encontramos si prevalece entre nosotros el amor.
Aprendamos de quien tiene experiencia, caminemos con quien viene junto a nosotros tras haber hecho el camino. Quienes hoy seguimos a Jesús necesitamos tener a María como compañera de vida si queremos convertirnos en creyentes fieles. María pertenece allí donde nace la Iglesia, llena de miedos y de esperanzas; en oración y entre apóstoles. Huérfana de María, la Iglesia, nuestra comunidad cristiana no podría una comunidad que se sabe enviada al mundo. Sin María, no podríamos soportar la espera del Espíritu sin perder la esperanza. De la mano de María, caminamos juntos y seguros, todo irá bien, aunque ya no vuelva a ser como antes. Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros.

José Gabriel.


12 DE MAYO-MARTES.

Queridos hermanos y amigos, cristianos cofrades.

Al cerrar las persianas de mi balcón, te invito a encender un flamante y fulgurante cirio, de fe, esperanza y caridad, en nuestra candelería pascual.

En la alegría de la Resurrección, junto  la Virgen, y paseando con mi querida vecina, seguimos recorriendo el camino de la luz (vialucis).

4ª Estación del Vía Lucis:

El Resucitado en el camino de Emaús

Te adoramos, oh Cristo resucitado, y te bendecimos.

Porque con tu Pascua has dado la vida al mundo.

Del Evangelio según San Lucas (Lc 24, 13-19. 25-27)

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante una dos leguas de Jerusalén. Iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. El les dijo: ¿qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: “¿Eres tu el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Él les preguntó: “¿Qué”? Ellos contestaron: “lo de Jesús, el Nazareno, que fue un Profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo” (…) Entonces Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Reflexión:

“Yo soy el camino” había dicho Jesús. Él, camino de Dios al hombre, cruza los senderos oscuros de la humanidad desgarrada por dentro y deshilachada por fuera. El emblema de este cruce entre los pasos luminosos de Cristo y aquellos vacilantes del hombre lo tenemos en el camino que va hacia Emaús, en la mañana del día de la resurrección. El resucitado, camino de Dios hacia el hombre, comienza a convertirse en camino del hombre hacia Dios. Era el día de la luz, y los discípulos aún permanecían ciegos. Era el día de la alegría y los discípulos permanecían tristes. Era el día de la Pascua, y los discípulos permanecían como muertos. Dios sigue al hombre por sus caminos porque el hombre es su prisa. Jesús es el Dios incógnito en Emaús, y se convierte en nuestro compañero de viaje. No rompe los cristales de nuestras ventanas, sino que toca, espera, entra, escucha, interroga. Después, con paciente pedagogía, explica, es decir, se explica.

Los hombres de nuestro tiempo cargados de medios y de comodidades son aplastados por cargas de tristeza. Sin embargo hay una gran diferencia entre el motivo de la tristeza de los dos de Emaús y el de sus discípulos de hoy. Los dos estaban tristes porque Él había muerto; nosotros nos quedamos tristes, aún sabiéndolo vivo. Nos quedamos como paralizados ante todos los acontecimientos. No nos hemos centrado en lo esencial. Dios nos sigue en nuestros caminos, nos toma, nos retoma, nos sorprende, nos comprende, y a nosotros nos falta confianza en Él. Con los dos discípulos Jesús fingió tener que continuar el viaje. Los fingimientos de Dios se vuelven estímulos para el hombre. El silencio de Dios se expresa también tomando un camino distinto del que estábamos siguiendo con él, suscitando sentimientos de contrariedad, de disgusto, de contratiempo.

Alégrate, Madre de la luz:

Jesús, Sol de justicia, venciendo las tinieblas del sepulcro ilumina todo el universo.

Aleluya.

Oración:

Quédate con nosotros, Jesús resucitado porque atardece. Te daremos una casa. Te daremos un plato. Te daremos calor. Te daremos amor. Quédate con nosotros, Señor: La tarde de la duda y del ansia oprime el corazón de cada hombre. Quédate con nosotros, Señor: y nosotros estaremos en tu compañía, y esto nos basta. Quédate con nosotros, Señor, porque atardece. Y haznos testigos de tu Pascua. Amén.

¡Oh María, templo del Espíritu Santo, guíanos como testigos del Resucitado por el camino de la luz!

Invocando a nuestros Sagrados Titulares en sus bellas y variadas invocaciones y advocaciones, recibid un fraterno abrazo y el deseo de unas buenas y confinadas noches con la súplica de que vosotros y los vuestros estéis bien, y el ruego de que nos quedemos en Casa, pues Dios viene, y está en la de todos.

Hermanos y amigos, a todos os deseo: ¡Saludable, Sanadora y Santa Pascua!

P.D:     En este día internacional de la enfermería, nuevamente nos sentimos complacidamente forzados a dar las gracias a todo el personal sanitario, por su ejemplar y sacrificada dedicación al cuidado de tantas víctimas de tan incómodo y desconsiderado huésped. Con muchas horas de trabajo extra gratuitas a sus espaldas y con peligro evidente para sus propias vidas y las de los suyos, además de prestar las atenciones profesionales propias, han tenido que suplir las carencias emocionales de sus pacientes, derivadas de la terrible soledad que la prevención contra el virus impone. Enfermeras y, además, madres, hermanas y amigas de sus pacientes.      

Cuando los aplausos de los balcones ya son más tímidos, avivemos los aplauso de nuestros corazones y recuperamos lo antes posible el nivel sanitario de antes de la pandemia y mejorémoslo en lo posible.

José Gabriel.


11 DE MAYO-LUNES.

Queridos hermanos y amigos, cristianos cofrades.
Al cerrar las persianas de mi balcón, te invito a encender un flamante y fulgurante cirio, de fe, esperanza y caridad, en nuestra candelería pascual.
En la alegría de la Resurrección, junto la Virgen, y paseando con mi querida vecina, seguimos recorriendo el camino de la luz (vialucis).

3ª Estación del Vía Lucis:
El Resucitado se manifiesta a la Magdalena

Te adoramos, oh Cristo resucitado, y te bendecimos.
Porque con tu Pascua has dado la vida al mundo.

Del Evangelio según San Juan (Jn 20,11-18)
Fuera, junto al sepulcro, estaba María Magdalena, llorando. Mientras lloraba, se asomó el sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: “Mujer, ¿por qué lloras?” Ella les contesta: “Porque se han llevado a mis Señor y no sé dónde lo han puesto”. Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?” Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: Señor, si tú te los has llevado, dime dónde los has puesto y yo lo recogeré.” Jesús le dice: “¡María!” Ella se vuelve y le dice: “¡Rabboni!”, que significa “¡Maestro!”. Jesús le dice: “Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, Ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”. María Magdalena fue y anunció a los discípulos: “He visto al Señor y ha dicho esto”.

Reflexión:
Juan y Pedro, vueltos a Jerusalén, esperan algo nuevo. María Magdalena en cambio se queda allí: a través del velo de las lágrimas, observa la tumba. A los ángeles que la interrogan les expresa el motivo de su llanto: “se lo han llevado”. Está como paralizada por el dolor. Jesús todavía de incógnito la llama por su nombre: “María”. El corazón de la Magdalena se inflama, el rostro se ilumina de alegría, el espíritu se enciende; es Él quien ha pronunciado su nombre con aquel acento único, con aquella carga toda suya. María, llamada por su nombre, responde con aquel otro nombre cargado de afecto y de inmenso respeto: “Maestro”.

El Resucitado asigna una tarea a María Magdalena: anunciar a los anunciadores la bella noticia, gritar que la vida está viva, que el Señor ha resucitado. Es el encargo que nos hace a cada uno de nosotros: anunciar la alegría de la Resurrección.

Alégrate, Madre de la luz:
Jesús, Sol de justicia, venciendo las tinieblas del sepulcro ilumina todo el universo.
Aleluya.

Oración:
Jesús resucitado, tú me llamas porque me amas. En mi vida cotidiana puedo reconocerte como te reconoció la Magdalena. Tú me dices: “Ve y anuncia a mis hermanos”. Ayúdame a ir por los caminos del mundo, en mi familia, en la escuela, en el trabajo, en mis espacios de ocio, realizando la gran tarea del anuncio de tu Resurrección. Amén.

¡Oh María, templo del Espíritu Santo, guíanos como testigos del Resucitado por el camino de la luz!

Invocando a nuestros Sagrados Titulares en sus bellas y variadas invocaciones y advocaciones, recibid un fraterno abrazo y el deseo de unas buenas y confinadas noches con la súplica de que vosotros y los vuestros estéis bien, y el ruego de que nos quedemos en Casa, pues Dios viene, y está en la de todos.

Hermanos y amigos, a todos os deseo: ¡Saludable, Sanadora y Santa Pascua!

José Gabriel.